Isabel la Católica no llegó a reina de Castilla «porque sí» si no que se lo tuvo que «currar» muy mucho; el rey precedente se llamaba Enrique, el cuarto de los reyes con dicho nombre y se le conoce también con el sobrenombre de «el impotente» para que veas que «prensa del corazón» ha existido desde muy antiguo porque tal, llamémosle, defecto nunca se pudo demostrar y es más tuvo una hija: Juana… que recibió el apodo de «la Beltraneja» porque decían era hija de un noble llamado Beltrán de la Cueva; lo que si quedó probado es que su mujer le adornó la parte noble de la frente con esas prominencias óseas que contribuyen a realzar la belleza de los venados, ciervos y toros de lidia pero que en los humanos, aunque no son nunca visibles, sirven más de befa, mofa y escarnio para el portador (nunca si se es portadora) que de admiración estética.
El incidente fue sencillo, Enrique dejó a la reina en un castillo y se fue a pelear contra un grupo de nobles que querían derribarle del trono, al año aproximadamente dejó la campaña y se retiró a una de sus posesiones y llamo a su esposa junto a su lado, y allí apareció ella como la niña de la canción estudiantil –ya no le queda a la niña más que tripa y mal color, los estudiante somos…- y como te digo el hecho está documentalmente probado, así que no son habladurías de «prensa rosa».
Si ya «la Beltraneja» tenía para algunos nobles procedencia dudosa el incidente les acabó de convencer así que decidieron eliminarla de la línea dinástica de la sucesión al trono de Castilla y con ello tuvieron un motivo más para enfrentarse al rey que se pasó, por muchos otros motivos, todo su reinado luchando con distintas facciones de nobles que en un momento le apoyaban y en la revuelta siguiente cambiaban de bando y viceversa lo que hacía que el rey cada vez que ganaba «amigos» les premiase con tierras y mercedes que más tarde les retiraba si se pasaban al «enemigo», lo que le valió su segundo mote: «el de las Mercedes»
El siguiente en la línea dinástica era el infante Alfonso, hermano de Enrique y de Isabel que se cayó de esa línea de sucesión por un hecho tan simple como es el de morirse a destiempo (la cantidad de difuntos que han llegado a ese estado de esa misma forma a lo largo de la Historia, no te lo puedes ni imaginar) así que nuestra princesita pasó a encabezar la lista a la sucesión de Enrique que al final y debido a la presión de los nobles no tuvo más remedio que eliminar a la «Beltraneja» de la sucesión mediante el oportuno documento público, aunque no la repudió que es lo que le exigía la nobleza y siguió, por tanto, reconociéndola como hija propia.
En el Medievo el matrimonio era una institución que servía para establecer alianzas, pactos, engrandecer haciendas… en definitiva se utilizaba como medio para la promoción social o de poder (si se podía, claro, aunque cada cual lo ejercía dentro del nivel social en el que estaba situado) y el amor… El amor era otra cosa, casarse había que casarse porque además el estatus social de célibe no era bien visto por la sociedad, pero enamorarse… Dado el concepto real de «contrato» que poseía la sociedad matrimonial, era muy difícil que el amor coincidiera con los contratantes, lo normal es que ellas o ellos se enamoraran de personas distintas a aquellas con las que habían pactado tener hijos lo que originaba sus correspondientes «chismorreos» y pare Vd. de contar; ya te dije que siempre hubo metomentodo y correveidiles que son los adjetivos que se aplicaban en la época a los que hoy consideramos profesionales de la «prensa del corazón».
¿Y por qué te estaba contando yo todo esto…? ¡Ah! Porque Enrique tenía para su hermana Isabel los proyectos normales que le correspondían como cabeza de familia, cual era de casarla con el gran maestre de la Orden de Calatrava, noble muy poderoso que le había sido de gran utilidad en las luchas contra otros nobles y, además, su hermano era el arzobispo Carrillo, Primado de España y garantizaba también otros muchos apoyos, pero nuevamente el destino le volvió a jugar una mala pasada a Enrique (al que de verdad el apelativo que mejor le hubiese correspondido hubiese sido el de «el Pupas»)














Yo no diría una novela rosa , sino una excelente novela y una forma de contar la historia de forma muy inteligente y amena ..con ese punto de ironía …
Me ha encatado …Maestro